Todos lo hemos leído: viajar ayuda a mejorar la salud en general. Libera el estrés, ayuda a aumentar la inteligencia emocional, nos amplía la mirada del mundo, mejora la autoestima, y un largo etcétera.

Las personas que ya son viajeras lo entienden perfecto. Sin embargo, quienes no han tenido la experiencia a veces no comprenden cuando pregonamos los beneficios de ir de país en país.

Según el Foro Económico Mundial, estudios científicos han determinado que entre los beneficios de viajar se encuentran la reducción del estrés, estimulación del cerebro, un corazón más sano, aumento en la autoestima, mejoras en la resolución de problemas y por último pero definitivamente la más importante, más felicidad.

Viajar, sencillamente, nos hace más felices. He viajado por múltiples razones, por vacaciones, por trabajo, para actividades familiares, por emergencias familiares. Y puedo decir que cada una de esas travesías me ha sanado el alma. Aunque en ocasiones, también te rompes en pedazos y te vuelves a construir.

Experiencias

He tenido experiencias que parecían insignificantes, hasta tiempo después que las recuerdo e identifico el efecto que tuvieron en mi vida.

Mi primer viaje a México lo hice sola, por vacaciones. Me sentía “vieja” porque era mi cumpleaños 25 y quería celebrarlo en otro país porque buscaba una vibra nueva en este importante ciclo.

Siempre recuerdo esa primera vez en México. Estaba en el aeropuerto nerviosa, sola. Mientras caminaba hacia la puerta de embarque mejor me sentía, más capaz, más dueña de mi vida. Estaba llena de emoción y de control sobre mi misma.

Después de ese viaje llegaron muchos otros que me ayudaron a superar un maldeamores, a enamorarme de nuevo, ¡y a superar el maldeamores nuevamente!

Retrospección

Hace cuatro años perdí mi empleo precisamente en México y me fui sola una semana a Guatemala. Fue un viaje de mucha introspección, de evaluar cuál sería el siguiente paso en mi vida, de disfrutar un lugar hermoso y de prepararme mentalmente para los nuevos retos que se avecinaban.

En otras ocasiones me he ido de vacaciones con amigas o con familiares. Cada una ha sido una experiencia única que me ha ayudado a ser más considerada con el próximo, a tratar de juzgar lo menos posible y a manejar la depresión que padezco hace años.

La medicina de viajar me ha ayudado a ser agradecida, aún cuando todo se ve oscuro o nada tiene sentido. Por eso creo que el mayor beneficio de viajar es la felicidad que te da. Te levantas temprano para pasear, cualquier detalle por mínimo que parezca te asombra y te alegra, te despejas del aguante diario y te renueva por completo la energía.

Ya bien lo dijo Willy Rodríguez en su canción “Diario”, “pues si las emociones matan, oye, deben también curar”…